lunes, 10 de febrero de 2014

El amor

El amor es un concepto universal relativo a la afinidad entre seres, definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista (artísticocientíficofilosóficoreligioso). De manera habitual, y fundamentalmente en Occidente, se interpreta como un sentimiento relacionado con el afecto y el apego, y resultante y productor de una serie de actitudesemociones y experiencias. En el contexto filosófico, el amor es una virtudque representa todo el afecto, la bondad y la compasión del ser humano. También puede describirse como acciones dirigidas hacia otros y basadas en la compasión, o bien como acciones dirigidas hacia otros (o hacia uno mismo) y basadas en el afecto.1
En español, la palabra amor (del latínamor, -ōris) abarca una gran cantidad de sentimientos diferentes, desde el deseo pasional y de intimidad delamor romántico hasta la proximidad emocional asexual del amor familiar y el amor platónico,2 y hasta la profunda devoción o unidad del amor religioso.3 En este último terreno, trasciende del sentimiento y pasa a considerarse la manifestación de un estado del alma o de la mente, identificada en algunas religiones con Dios mismo o con la fuerza que mantiene unido el universo.
Las emociones asociadas al amor pueden ser extremadamente poderosas, llegando con frecuencia a ser irresistibles. El amor en sus diversas formas actúa como importante facilitador de las relaciones interpersonales y, debido a su importancia psicológica central, es uno de los temas más frecuentes en las artes creativas (cine, literatura, música).
Desde el punto de vista de la ciencia, lo que conocemos como amor parece ser un estado evolucionado del primitivo instinto de supervivencia, que mantenía a los seres humanos unidos y heroicos ante las amenazas y facilitaba la continuación de la especie mediante la reproducción.4
La diversidad de usos y significados y la complejidad de los sentimientos que abarca hacen que el amor sea especialmente difícil de definir de un modo consistente, aunque, básicamente, el amor es interpretado de dos formas: bajo una concepción altruista, basada en la compasión y la colaboración, y bajo otra egoísta, basada en el interés individual y la rivalidad. El egoísmo suele estar relacionado con el cuerpo y el mundo material; el altruismo, con el alma y el mundo espiritual. Ambos son, según la ciencia actual, expresiones de procesos cerebrales que la evolución proporcionó al ser humano; la idea del alma, o de algo parecido al alma, probablemente apareció hace entre un millón y varios cientos de miles de años.5
A menudo, sucede que individuos, grupos humanos o empresas disfrazan su comportamiento egoísta de altruismo; es lo que conocemos comohipocresía, y encontramos numerosos ejemplos de dicho comportamiento en la publicidad. Recíprocamente, también puede ocurrir que, en un ambiente egoísta, un comportamiento altruista se disfrace de egoísmo: Oskar Schindler proporcionó un buen ejemplo.
A lo largo de la historia se han expresado, incluso en culturas sin ningún contacto conocido entre ellas, conceptos que, con algunas variaciones, incluyen la dualidad esencial del ser humano: lo femenino y lo masculinoel bien y el malel yin y el yang, el ápeiron de Anaximandro.

¿Qué es la estética?

El término estética (de las voces griegas αἰσθητική (aisthetikê), «sensación, percepción», a su vez de αἴσθησις (aisthesis), «sensación, sensibilidad», e -ικά (ica), «relativo a») tiene diferentes acepciones. En el lenguaje coloquial denota en general lo bello, y en la filosofía tiene diversas definiciones: por un lado es la rama que tiene por objeto el estudio de la esencia y la percepción de la belleza, por otro lado puede referirse al campo de la teoría delarte, y finalmente puede significar el estudio de la percepción en general, sea sensorial o entendida de manera más amplia. Estos campos de investigación pueden coincidir, pero no es necesario.
En cuanto a la primera acepción, la estética estudia las razones y las emociones estéticas, así como las diferentes formas del arte. La Estética, así definida, es el dominio de la filosofía que estudia el arte y sus cualidades, tales como la belleza, lo eminente, lo feo o la disonancia, desde que en1750 (en su primera edición) y 1758 (segunda edición publicada) Alexander Gottlieb Baumgarten usara la palabra «estética» como «ciencia de lo bello, misma a la que se agrega un estudio de la esencia del arte, de las relaciones de ésta con la belleza y los demás valores». Algunos autores han pretendido sustituirla por otra denominación: calología, que atendiendo a su etimología significa ciencia de lo bello (kalos, «bello»).
La estética es la rama filosófica que estudia e investiga el origen del sentimiento puro y su manifestación, que es el arte, según asienta Immanuel Kanten su Crítica del juicio. Se puede decir que es la ciencia cuyo objeto primordial es la reflexión sobre los problemas del arte.
Si la estética es la reflexión filosófica sobre el arte, uno de sus problemas será el valor que se contiene en el arte; y aunque un variado número de ciencias puedan ocuparse de la obra de arte, sólo la Estética analiza filosóficamente los valores que en ella están contenidos.
Los seres humanos han mantenido y mantienen diversas relaciones con el mundo. Diversas son también en ellas su actitud hacia la realidad, las necesidades que trata de satisfacer y el modo de satisfacerlas. Entre esas relaciones figuran:
  1. La relación teórico-cognoscitiva con la que se acercan a la realidad para comprenderla.
  2. La relación práctico-productiva con la cual intervienen materialmente con la naturaleza y la transforman produciendo, con su trabajo,objetos que satisfacen determinadas necesidades vitales: alimentarse, vestirse, guarecerse, defenderse, comunicarse, transportarse, etc.
  3. La relación práctico-utilitaria en la cual utilizan o consumen esos objetos.
Las diversas relaciones del ser humano con el mundo no se desenvuelven paralelamente a lo largo de la historia. Su vinculación mutua, así como el lugar que ocupa o el nivel que alcanza dentro del todo social, varían de acuerdo con determinadas condiciones históricas y sociales. Estas condiciones explican, asimismo, el papel principal o subordinado que desempeña cierta relación; económica, política, religiosa, etc., en una época o sociedad. Unas relaciones son más importantes que otras en determinada fase histórico-social.
Muchos pensadores se han interesado por el arte y su significado:1
  • Platón, cit. en Eggers Lan, Conrado: El sol, la línea y la caverna.
    • «—También decimos que hay algo Bello-en-sí y Bueno-en-sí [...] y llamamos a cada una “aquello que es”».
    • «[...] Leamos el pasaje siguiente de la República VI, 507b: [...] “—También decimos que hay algo Bello-en-sí y Bueno-en-sí y, análogamente, respecto a todas aquellas cosas que postulábamos como múltiples, las postulamos como siendo una unidad, de acuerdo con una Idea única, y llamamos a cada una ‘lo que es’”».
  • Mateo Calle Vera: la belleza: «[...] puesto que lo bello — sea animal o cualquier otra cosa compuesta de algunas —no solamente debe tener ordenadas sus partes sino además con magnitud determinada y no al acaso — porque la belleza consiste en magnitud y orden —, [...] como en cuerpos y animales es, sin duda, necesaria una magnitud, más visible toda ella de vez, de parecida manera tramas y argumentos deben tener una magnitud tal que resulte fácilmente retenible por la memoria».
  • Buenaventura de Fidanza: Itinerario de la mente a Dios
    • «Considerada la proporcionalidad en su concepto de forma, se llama hermosura, la hermosura y el deleite no existen sin cierta proporción; y ésta primariamente consiste en el número».
  • Diderot: Investigaciones sobre el Origen y la Naturaleza de lo bello.
Hay dos maneras de lo bello: - Lo bello fuera de uno: es todo aquello que contiene en sí mismo el poder de evocar en el entendimiento la idea de relaciones. Aquí se ve claramente el concepto de Orden. - Lo bello en relación con uno: todo aquello que provoca la idea anterior. Tiene dos maneras: lo bello real, y lo bello percibido. No existe lo bello absoluto. No es un asunto sentimental: - «La indeterminación de esas relaciones, la facilidad de captarlas y el placer que acompaña a su percepción, son los que crean la ilusión de que lo bello era más un asunto sentimental que racional».
«Situad la belleza en la percepción de las relaciones, y tendréis la historia de sus progresos desde el nacimiento del mundo hasta nuestros días».
- «El alma tiene el poder de unir las ideas que ha recibido separadamente,...».
  • Immanuel KantCrítica del juicio: «Para discernir si algo es bello o no, referimos la representación, no por el entendimiento al objeto con vistas al conocimiento, sino por la imaginación (tal vez unida al entendimiento) al sujeto y al sentimiento de agrado o desagrado experimentado por éste».
Lo estético: no se funda en conceptos, no se puede medir: «No puede haber ninguna regla de gusto objetiva que determine por conceptos lo que sea bello, puesto que todo juicio de esta fuente es estético, es decir, que su motivo determinante es el sentimiento del sujeto y no un concepto del objeto». No hay ciencia sino crítica de lo bello. La sensación sensorial es incomunicable. La comunicación viene de lo común (u ordinario) a todos.
  1. Regularidad;
  2. Simetría y conformidad;
  3. Armonía.
La belleza es la idea de lo bello: «... la cantidad rige la determinación de la forma puramente exterior, en tanto que por el contrario, la cualidad determina lo que la cosa en sí y en su esencia interior, ... en la medida se combinan ambas».
  • Arthur SchopenhauerEl mundo como voluntad y representación. «La belleza consiste, por consiguiente, en la representación fiel y exacta de la voluntad en general, con ayuda de su fenómeno en el espacio solo, mientras que la gracia consiste en la representación adecuada de la voluntad con ayuda de su fenómeno en el tiempo,...».
La belleza descansa en la forma, pero sólo porque la forma se alumbró un día desde el ser como la entidad del ente. Forma y contenido, es forma y materia, lo racional y lo irracional, lo sujeto y objeto. Aquí forma se la interpreta como Orden y Clase de materia. Diferencia entre el arte y la belleza: el primero pertenece a la Lógica y el segundo a la Estética.
  • Bertrand Russell: Se refiere al análisis de la materia. plantea varias divisiones de los acontecimientos: físicos, y los que tienen leyes diferentes cada una en sí:
    • Fijos (los de «movimientos fijos»);
    • Ritmos (procesos periódicos);
    • Trans - acciones (transición de quanta en que la energía pasa de sistema);
    • Fijos con ritmos vs. leyes de la armonía.
  • Edmund Husserl: Las conferencias de París. La teoría trascendental de la percepción consiste en el análisis intencional de la percepción, la teoría trascendental del recuerdo e intuiciones, la teoría trascendental del juicio, la teoría trascendental de la voluntad, etc.
Diferentes autores se refieren a la metodología de estudio del arte y la belleza. A continuación autores y obras contemporáneas (con excepción de Aristóteles) que estudian la estética y el arte, y una pincelada de su ideología:
Dados modelos neurofisiológicos de la discriminación de estímulos aferentes, se procede a confeccionar un modelo cerebral hipotético denominado «centro de sensación estética». Se desarrolla una analítica matemática al respecto, y se observan múltiples resultados experimentales de laboratorio que son confirmatorios.
  • Calabrese: El lenguaje del arte. Jakobson trata de conjugar el estudio humanístico con las teorías científicas modernas, sobre todo el de las estéticas informacionales. Se presenta la matematización de la Estética como forma de expresión.
  • Moles: Teoría de la Información en la percepción estética. Considera Moles una estética exacta basada en los aspectos matemáticos de la teoría de la información y de la cibernética. Se entiende aquí que la concepción del mundo exterior depende del conocimiento de nuestros procesos perceptivos. Trabaja este autor en los mensajes visuales y auditivos. La información estética que estudia está sujeta al orden de la probabilidad de su codificación.
  • Bense: Aesthetica define el arte como una intervención de seres inteligentes sobre las situaciones estéticas, es decir, que toda realidad física es soporte de una realidad estética fundada en un proceso de comunicación.
  • Nake: Tiene una definición precisa y abstracta de estética que define es sus dos formas analítica y generativa.
Sus pilares han sido la semiótica de Peirce y de Morris, los autores Shannon y Weaver en la teoría de la información, la cibernética de Wiener, la gestáltica de Ehrenfels, y el impulso de la estética matemática en Birkhoff.
  • Arnheim: Arte y entropía. Tiene en cuenta las teorías analíticas del arte basadas en las ciencias exactas (cibernética, matemática, física teórica y teoría de la información). Señala una forma unificadora de teorizar todos los aspectos de la vida cultural. Su fórmula fundamental es la entropía informática, conectándose de esta manera con el segundo principio de la termodinámica y encuadrando una estadística de la realidad física.
Arnheim, para teorizar las consideraciones de la información a las actividades estéticas, estudiar mejor los conceptos de orden y desorden entrópicos, y verificar sus consecuencias en la noción de estructura. La consecuencia obvia es que el arte escapa a cualquier intento de previsión y de regulación «exacta».
  • Umberto Eco: Muestra cómo algunas aplicaciones de la teoría de la información a objetos estéticos pueden ser reasumidas y englobadas en el cuadro de una semiótica general.
  • Volli: La ciencia del arte. Con similares contenidos a la obra de Eco, agrega a la cibernética conceptos matemáticos. Reconoce una aplicación a ambos dominios culturales: lo humanístico y lo científico. No intenta englobar los análisis científicos del arte dentro de una semiótica del arte mismo, sino que busca una interdisciplinariedad con la cibernética

El bien y el mal

Me corresponde presentarles en esta oportunidad, un aspecto del pensamiento del hombre que está presente desde sus primeros tiempos, pero, que bajo la impronta de la postmodernidad pareciera que adquiriera relevancia menor. Efectivamente, los aspectos relativos a la ética y la moral, parecieran no estar, desde hace mucho, en el centro de las preocupaciones de la filosofía, aunque tienen siempre importancia en los ámbitos de los credos.
Sin olvidar los factores propios de la premura con que ha debido enfrentarse la elaboración de esta presentación, hemos tratado de dar una significativa mirada al camino recorrido por el homo sapiens sapiens, en la búsqueda de respuestas sobre este aspecto del pensamiento, que está en el centro de su transcurrir: su relación con los demás y su relación con Dios.
Efectivamente, desde sus primeros tiempos, el hombre ha estado enfrentado a la disyuntiva entre el bien y el mal. Unas u otras civilizaciones, han enfrentado la necesidad de normar aquello que está dentro de lo aceptado y lo rechazado en las conductas gregarias. Siempre ha debido establecerse una legislación, que oriente el desenvolvimiento de las relaciones humanas, ya sea ante los demás hombres, o ante Dios. En algunos casos, hubo normadores humanos, como Hamurabi; en otros casos, el legislador fue Dios mismo; por  ejemplo, en las tradiciones judeo-cristianas.
¿Qué es lo bueno y que es lo malo? ¿Qué se entiende por el bien y por el mal? Son preguntas que tienen muchas respuestas, de acuerdo a las convicciones que predominen en los grupos humanos. Sin embargo, hay aspectos que tienen ciertos comunes denominadores. Por ejemplo, el asesinato es algo que se entiende como malo en cualquier cultura, salvo cuando tiene una justificación social, como es el caso de la guerra o la aplicación de justicia (pena de muerte).
En nuestra civilización occidental, los conceptos del bien y el mal están profundamente arraigados, aún cuando muchas veces no muy definidos, en razón de la variedad cultural, o por la diversidades filosóficas y religiosas. Simbólicamente, el relato bíblico ha pesado de una manera significativa en el subconsciente colectivo, pues, allí se origina el concepto de la caída, del pecado, del mal: Adán y Eva, creados a imagen y semejanza de Dios, estaban en el Paraíso, desnudos, sin avergonzarse de ello, en la inocencia absoluta. Sin embargo, por sugestión del espíritu maligno, simbolizado en la serpiente, comerán del árbol misterioso, el árbol del bien y el mal, abandonando irreversiblemente la sublime inocencia primitiva.
Esta visión pecaminosa y culposa, propia de la civilización occidental, no tiene que ver con la civilización oriental, cuyas concepciones valóricas están determinadas, más bien, por aspectos propios de la conciencia individual. Por cierto, en estas apreciaciones juega un rol fundamental el sentido de la oportunidad: en las religiones orientales, que reconocen la idea de la reencarnación, y por lo tanto, el paso de una vida a otra, hasta acceder al Nirvana,  permite concebir los conceptos con mayor relativismo que lo que ocurre con las creencias monoteístas de Occidente, donde el creyente solo percibe una oportunidad para ganarse un lugar en el Paraíso: esta vida, siendo lo culposo, en consecuencia,  mucho más acendrado, por lo irreversible de la oportunidad única.
Demás está decir, que, desde el punto de vista filosófico, en Occidente, se presentan visiones que, en general, han buscado racionalizar, construir razones, que expliquen los fenómenos valóricos presentes en el hombre, tanto en un plano individual como colectivo, que han marchado por senderos distintos a los de la fe.
De alguna manera, en las páginas siguientes, trataremos de expresar del modo más ilustrativo, las visiones que han enfrentado el desafío de determinar el bien y el mal, tarea que no ha culminado en la historia humana, ni podrá terminar, mientras el hombre sea protagonista de su historia.
En tanto, cronológicamente, las concepciones del bien y del mal de tipo religiosas anteceden a las filosóficas, presentaremos éstas en forma previa a las filosóficas, buscando en una segunda parte, una perspectiva que tenga que ver más con nuestra condición iniciática, donde también se expresan contenidos en torno a estos conceptos.  
I Parte. LAS CONCEPCIONES DEL BIEN Y EL MAL.  
LAS CONCEPCIONES RELIGIOSAS.
En la mayoría de las religiones existe una determinada idea de lo bueno y lo malo, que trasciende lo meramente natural. De hecho, en el principio de todas las religiones se encuentra la búsqueda de una interpretación para la existencia del mal, siendo la manifestación más temprana de estas nociones el oprobio por la trasgresión de un tabú. Todo credo, da sentido ala conducta humana sobre la base de un fin que van más allá, del sentido utilitario del momento y de la conciencia recta. Ese fin es el fin último y superior: Dios.
Con la conformación de las tradiciones judías, cristianas e islámicas, la idea del mal se relaciona con la idea del pecado, convirtiéndose el mal en un crimen directo contra el Ser Supremo. Pecado, en estas religiones, es la transgresión de una ley o práctica sagrada, sancionada por la divinidad.
Par ale lo al nacimiento y desarrollo del judaísmo, es interesante tener presente el mazdeismo, religión fundada por el profeta Zoroastro, en Persia, seiscientos años antes de Cristo, donde se manifiesta el dualismo entre el Spienta Mainyu (Espíritu Benefactor) y el Angra Mainyu (Espíritu Hostil). La antítesis entre el bien y el mal, las opciones entre Orden y Caos, se manifiestan en la elección que debe hacer el hombre entre ambas alternativas. El bien será el bien ritual, el acto realizado sobre la justa regla, al que se le atribuye una eficacia mágica, determinante y relacionante. El mal es todo lo que produce trasgresión a la buena realización, al orden determinado.
En el gnosticismo y maniqueismo, fusiones del pensamiento cristiano con influencias zoroástricas, el pecado, como expresión del mal, se consideraba como una manifestación de la caída del espíritu humano del ámbito divino y su encierro en el demoníaco mundo material. Los cátaros, proponían que el Bien es Dios, y el Mal es el Demonio, asociando a la idea de Dios lo creado y el orden, el cosmos, en tanto el Demonio representa el caos, lo corruptible, la nada (nihil). En el hinduismo y el budismo, el concepto más cercano al pecado es el de un desmerecimiento, la acumulación, a través de malos comportamientos, de malas consecuencias, que deben purgarse mediante un proceso de transmigración.
Con el tiempo, se podría afirmar que, en el pensamiento humano, se han logrado sintetizar dos religiosas concepciones sobre el bien y el mal:
a)                           El monismo, que considera la existencia de un Dios único, origen y causa de todo lo creado, incluyendo el bien y el mal, donde éstos constituyen el fundamento del libre albedrío, que la divinidad regala a las criaturas. Ésta concepción es la que domina la concepción religiosa occidental.
b)                           El dualismo, que predomina en la concepción religiosa oriental, propone la existencia de dos principios en la espiritualidad del hombre: el bien y el mal, el ying y el yang, ambas inseparables.
Conceptos judíos y cristianos.
En ningún libro sagrado se encuentra tan desarrollado el sentido del pecado, como expresión del mal, como en la Biblia. El llamado Antiguo Testamento refleja las creencias de los israelitas, correspondientes a antiguas tradiciones trib ale s e interpretaciones de ciertos hechos históricos, que se hilvanaron en una extensa crónica sobre el pueblo elegido de Dios, donde los profetas predicaron la conversión y amenazaron con el castigo divino. Judíos y cristianos ven en el Antiguo Testamento la creación y caída del hombre.
La muerte de Caín y la torre de Babel son muestras del pecado, producto de la soberbia del hombre. La expulsión del Paraíso, el diluvio universal y el cautiverio de Babilonia expresan el castigo de Dios. A través de Moisés, Dios entrega a su pueblo su ley, su pacto, mandamientos que son la representación del bien; su no cumplimiento significa la trasgresión del pacto, el pecado, en fin, caer en el mal. Así, a través de las Escrituras, el pecado es el elemento que enemista a los seres humanos con Dios, quien exige, ante la infracción a su ley, que haya arrepentimiento y fidelidad para obtener su perdón.
En el judaísmo, desde sus orígenes, se da la convicción teológica de que el mundo es inteligible porque existe una inteligencia divina y fruto de una causalidad intencional que lo sostiene. Nada ocurre en la humanidad producto de la casualidad; pues, en sentido último, todo tiene un significado. La inteligencia divina se manifiesta a los judíos tanto en su orden natural, a través de la creación, como en su orden histórico-social, a través de la revelación. El mismo Dios , creador del mundo, se reveló a los israelitas y les entregó la ley que debía observar su pueblo.
Esa ley, voluntad de Dios para su pueblo, es expresada por medio de los mitzvot (mandamientos o preceptos), con los cu ale s las personas deberán regir sus vidas, en mutua interacción con Dios. Así, en la Torá, en 613 oportunidades, Dios dice lo que debe hacerse y lo que no debe hacerse, preceptos que podrán interpretarse, pero, jamás dejar de cumplirse. T ale s preceptos son eternos, porque eterno es el legislador que los concibe. La conminación es vivir de acuerdo con las leyes de Dios, que expresan el bien, sometiéndose a su divina voluntad. Su no observancia significa pecar, quedando sujeto a sanción, pues, Dios castiga a quienes no actúan según su voluntad.
En el Nuevo Testamento, la venida de Jesús constituye el cumplimiento de la promesa del Mesiah, un nuevo Adán, el enviado que establece un nuevo pacto, que complementa la ley mosaica con el mensaje del Sermón de la Montaña. En el Nuevo Testamento, el pecado es la condición humana esencial que reclama la labor redentora de Cristo. El pecado se considerará entonces como un estado de alienación o distanciamiento de Dios.
En la Iglesia Cristiana, sin embargo, antes de la controversia entre Pelagio y San Agustín de Hipona, la doctrina del pecado no había sido desarrollada por completo. Los primitivos padres griegos de la Iglesia consideraban el pecado como una oposición a la voluntad de Dios. Aún así, no afirmaban que la culpa del pecado del primer hombre, Adán, se extendiera a toda la humanidad. Tertuliano, teólogo del siglo II d.C., por ejemplo, sostenía que la realidad del pecado había sido transmitida desde Adán - acuñando la frase pecado origina-, pero, ello no hacía al hombre pecador por el simple hecho de nacer.
Catolicismo.
Es un hecho que el término pecado original no se encuentra en la Biblia, por lo que será Agustín quien hará la formulación de la doctrina que lo fundamenta, en la cual, la teología cristiana alude a la maldad universal de la especie humana, heredada del primer pecado cometido por Adán.
En su controversia con Pelagio, sobre la naturaleza del pecado y la gracia, Agustín  hace un poderoso y efectivo llamamiento a la comprensión apocalíptica paulina destinada al perdón de los pecados. En esa elaboración doctrinaria, Agustín aporta la noción de que la mancha del pecado se transmite de generación en generación, mediante el acto de la procreación. Tomando las ideas de Tertuliano, mantendrá, en contra de Pelagio, que el pecado de Adán corrompía toda la naturaleza humana; que su culpa y su sanción pasaban a todos sus descendientes; que todos los seres humanos han nacido en estado de pecado y que debido al pecado original de Adán, son incapaces de satisfacer a Dios y están por su propia condición dispuestos a seguir en el mal.
Pelagio, contrariamente, hacía hincapié en la voluntad libre y el esfuerzo moral individual, negando categóricamente la existencia de un pecado original. La Iglesia Ortodoxa, en el mismo sentido, ha afirmado que la voluntad humana es tan libre como lo era la de Adán antes de su caída.
Los teólogos que defienden la doctrina del pecado original argumentan, sin embargo, que esta tiene su respaldo en Pablo (Romanos 7), en Juan (1 Juan. 5,19) e incluso en el mismo Jesús (Lucas 11,13). Tras esa visión se deriva el punto de vista del mundo de los últimos escritos apocalípticos. Algunos de estos escritos atribuyen el estado corrupto del mundo a una venida prehistórica de Satán, la consecuente tentación de Adán y Eva y la inmersión de la historia humana, desde entonces, en el mal, es decir, en el desorden, la desobediencia y el dolor. En este escenario, Pablo interpreta la obra de Cristo como la salvación del hombre frente al tremendo poder del pecado y el mal heredados, reconciliando a la humanidad con Dios y logrando, de esta forma, la paz para siempre.
Protestantismo.
Durante la Reforma protestante, Martín Lutero y Juan Calvino mantuvieron el acento agustiniano del pecado original y de la gracia de Dios como medio de redención. Por ejemplo, Ulrico Zuinglio consideraba el pecado como un mal heredado. De tal modo que, los teólogos mediovales del protestantismo, mantuvieron la idea del pecado original, añadiéndole ciertas connotaciones.
En el pensamiento protestante posterior, sin embargo, la doctrina fue diluida y evitada. De hecho, los teólogos liberales protestantes desarrollaron un punto de vista optimista sobre la naturaleza humana, que es incompatible con la idea del pecado original.
El teólogo alemán protestante del siglo XIX, Friedrich Schleiermacher, argumentará que el pecado se debe a la incapacidad para distinguir entre una dependencia absoluta de Dios y una sujeción relativa del mundo temporal.
Así, mientras el catolicismo distingue entre el pecado mortal, que destruye la relación del individuo con Dios y merece la condena eterna, y el pecado venial, que, aunque es grave, no separa al ser humano de Dios, los protestantes han rechazado esta distinción.
Islamismo.
El pecado capital en el Islam es el orgullo humano, el cual viola la unidad de la creación, ya que presupone autonomía humana, y se rebela contra el orden divino, negando el propósito fundamental del hombre: servicio y obediencia a Dios. A pesar de la génesis del Islam dentro de la tradición judeo-cristiana, el Corán niega de forma específica la doctrina cristiana del pecado original, y establece que Dios perdonó a Adán su trasgresión en el Jardín del Edén. Sin embargo, los humanos tienden a olvidar los límites que fija su propio ser, sobre todo cuando son tentados por Satán.
En el Islam, el pecado es, por tanto, consecuencia de la debilidad humana más que una condición heredada de corrupción. La cadena de profetas enviados por Dios para testificar frente al propósito divino y poner a la humanidad de nuevo en el sendero recto es prueba de la eterna tendencia humana hacia el error. El descreimiento es, pues, una expresión de orgullo pecaminosa; el término árabe para un no creyente, kafir, significa literalmente “no agradecido”. Pero el arrepentimiento sincero restaurará al penitente en una condición pura, sin pecado, puesto que Dios concede siempre su gracia, y el arrepentimiento se expresa mediante la conversión a la verdad.
La doctrina islámica establece que el pecado es castigado por Dios, juez de todas las cosas, expresión de moral perfecta. El último juicio del pecado tendrá lugar el Día del Juicio Final, y los pecadores serán condenados al fuego eterno.
Hinduismo.
Las normas o cánones del hinduismo se definen en relación con lo que las personas hacen, más que con lo que piensan. Por consiguiente, dentro de los hindúes se encuentra una mayor uniformidad de acción que de creencias, teniendo presente que hay muy pocas creencias o prácticas que sean compartidas por todos. Aún así, cada hindú percibe un modelo a seguir que confiere orden y sentido a su vida. Para los hindúes, el principio más importante es el ahimsa, la ausencia del deseo de hacer daño, el que se utiliza para justificar el hecho de que, por ejemplo, sean vegetarianos. No obstante, este dogma no prohíbe la violencia física contra seres humanos o animales, o que se practiquen sacrificios de sangre en los templos.
Consideran que la vida humana también es cíclica: después de morir, el alma deja el cuerpo y renace en el cuerpo de otra persona, animal, vegetal o mineral. Este imparable proceso se llama samsara (transmigración), donde la calidad de la reencarnación viene determinada por el mérito o la falta de méritos que haya acumulado cada persona como resultado de su actuar o karma, de lo que el alma haya realizado en su vida o vidas pasadas. Sin embargo, también piensan que la falta de méritos se puede contrapesar con la práctica de expiaciones y de rituales, ejercitándose a través del castigo o de la recompensa, logrando, de esa manera, aminorar o hacer más fácil el proceso del samsara, previa renuncia de todos los deseos terrenales.
Budismo.
Para un budista no se puede diferenciar claramente el bien del mal, ya que esta distinción está hecha desde el punto de vista moral. Cada persona es diferente y tiene su propio mundo. Lo que es bueno para unos, puede ser malo para otros; por lo demás, nada es tan malo, ni nada es tan bueno. Todo está incluido en el Universo, y, en consecuencia, no hay dualidad entre Dios y el Demonio, pues, tienen la misma cara.
La vida es como un sueño, donde es muy difícil distinguir, y donde todas las cosas son necesarias, y muchas veces las cosas buenas se vuelven malas, y las cosas malas se vuelven buenas. Solo se debe tener en cuenta la acción. En la vida, si las acciones son buenas, aunque se tengan malos pensamientos, no hay ninguna falta. Si se cometen malas acciones, aunque se tengan buenos pensamientos, se va a la cárcel.
Para el budista, el infierno y el paraíso están en nuestro espíritu. Si sufrimos, si dudamos, si nuestras acciones son negativas, todo se convierte en un infierno. Si nuestro espíritu está en paz, todo lo que nos rodea es el paraíso. Lo que debe aplacarse es la sed de vida, que todo lo conturba.  
LAS CONCEPCIONES FILOSÓFICAS.
La filosofía, en su esencia, al pensar al hombre, no ha escapado a la reflexión sobre el bien y el mal, ya que no solo le interesa conocer la verdad, sino también establecer juicios acerca del valor de las conductas humanas. El pensador no solo quiere desentrañar e interpretar los fenómenos de la realidad, sino que quiere saber cuando las acciones de los demás o nuestras acciones son dignas de ensalzar o cuando son dignas de condenación. Ello ha ocurrido desde los inicios de la filosofía.
Los filósofos han intentado determinar la bondad en la conducta humana, de acuerdo con determinados principios fundamentales, y han considerado que existen tipos de conductas buenas en sí mismas o buenas porque se adaptan a un modelo moral concreto. La ética, como parte de la filosofía que aborda las conductas humanas, traduce sus principios a exigencias prácticas en la moralidad de los actos humanos. La moralidad, como sabemos, es consecuencia de las costumbres de los grupos humanos, y refleja la conciencia moral nacida de esas costumbres. La conciencia moral obliga a actuar con el conocimiento ético de ser parte de una cultura determinada y de un tiempo histórico determinado. Así, si la ética se atiene a un estudio objetivamente neutral de la moralidad, la eticidad de los actos humanos obliga a actuar siempre en forma responsable.
En la historia de la ética hay tres modelos de conducta principales, cada uno de los cu ale s ha sido propuesto como el bien más elevado: la felicidad o placer; el deber, la virtud o la obligación; y la perfección o el más completo desarrollo de las potencialidades humanas.
Dependiendo del marco social, la autoridad invocada para una buena conducta es la voluntad de una deidad, el modelo de la naturaleza o el dominio de la razón. Cuando la voluntad de una deidad es la autoridad, la obediencia a los mandamientos divinos o a los textos matrices (Vedas, Torá, Evangelios, Corán, etc) supone la pauta de conducta aceptada. Si el modelo de autoridad es la naturaleza, la pauta es la conformidad con las cualidades atribuidas a la naturaleza humana. Cuando rige la razón, se espera que la conducta moral resulte del pensamiento racional.
De la misma forma, históricamente, la ética ha generado dos concepciones con vigencia contemporánea: una,  la teleológica, que busca las consecuencias benéficas de los actos humanos, sobre la base de una consecuencia utilitarista:, estos es, el comportamiento ético implica un  nivel de sacrificio de uno en beneficio de todos; y otra, la deontológica, que mira la consistencia de los actos humanos sobre la base de lo que debe ser correcto y no del beneficio obtenible.
Desde que los hombres viven en comunidad, la regulación moral de la conducta ha sido necesaria para el bienestar colectivo. Los distintos sistemas morales se establecieron sobre pautas arbitrarias de conducta, evolucionando a partir de violación de los tabúes religiosos, hasta las leyes impuestas por líderes que buscaban prevenir los desequilibrios en el seno de la tribu. Incluso las grandes civilizaciones clásicas, egipcia y sumeria, desarrollaron éticas cuyas máximas y preceptos eran impuestos por líderes seculares, que se mezclaban con los preceptos de la religión predominante.
En la China clásica las máximas de Confucio fueron aceptadas como código moral. Los filósofos griegos, teorizaron mucho sobre la conducta moral, lo que llevó al posterior desarrollo de la ética como una filosofía.
En la historia de la filosofía occidental, como bien sabemos, el problema de la moral ha sido una preocupación filosófica desde antes de Sócrates, considerado como el padre de la ciencia moral. De hecho, los pitagóricos consideraban los aspectos morales como fundamentales para la convivencia entre los hombres. Los sofistas llegaron a proponer al hombre como la medida de las cosas(Protágoras), y afirmando que no hay acciones justas ni injustas, que el bien era el poder y el dominio de nuestra voluntad sobre los demás. Gorgias llegó al extremo de afirmar que nada existe, ni el bien ni el mal, pues, si algo existiera, los seres humanos no podrían conocerlo, y si llegaban a conocerlo no podrían comunicar ese conocimiento. Otros sofistas, como Trasímaco, creían que la fuerza hace el derecho, determinante en la definición del bien y el mal.
Los griegos.
Sócrates pondrá el acento en que nuestros actos tienen consecuencias en los demás, y en que la virtud adquiere una trascendencia social. Desde su punto de vista los hombres obran mal solo por ignorancia, nunca por maldad intrínsica. A su juicio, aquel que conoce el bien y la verdad, los practica necesariamente. Por ello, Sócrates se pronuncia a favor de la instrucción,  pues, solo dando a conocer el bien se podría conseguir que el hombre sea mejor. La virtud es entonces la capacidad de distinguir el bien y el mal, y obrar de acuerdo al bien, es la sabiduría.
En Platón las ideas morales están confundidas con su ideas políticas, pero, en lo fundamental, son aquellas señaladas por Sócrates, y plantea su Idea Suprema, principio de todas las demás, como análoga al Bien, la Idea de las Ideas encarnada en la trilogía Bien, Verdad y Belleza. Los seres buenos están por encima de la envidia y la mezquindad, y son capaces de transmitir ese bien. El mal no es sino una limitación del bien, es consecuencia de su desconocimiento.
Aristóteles continúa con las ideas de Sócrates y Platón, pero, no acepta el determinismo de que el hombre actúa mal por ignorancia. A su juicio, existe un libre albedrío, que posibilita que se actúe mal en forma voluntaria, teniendo la capacidad de distinguir claramente el bien. En su opinión, la virtud tendría como fundamento la libertad y la razón, pues, el hombre es esencialmente libre y racional, por lo cual, el virtuoso es aquel que tiene al hábito de obrar manteniéndose siempre en el justo medio, en la armonía y mesura.
 En la filosofía postaristotélica, sobres ale n el escepticismo, el epicureismo y el estoicismo. El escepticismo, iniciado por Pirrón de Elis, recomendaba la suspensión de todo juicio, pues, al no afirmar nada acerca del bien y el mal, se evitaba el error y se lograba la paz espiritual, la ataraxia o tranquilidad absoluta. Epicúreo, en tanto, sostenía la libertad del alma, y consideraba el placer como el soberano bien, y al decir placer no se refiere al licencioso y fugaz, sino al placer estable que permite la felicidad, la liberación interior.
El estoicismo, cuya trascendencia superaría el ámbito del helenismo, pues, tendría gran influencia entre los romanos, fue iniciado por Zenón de Citium, en el siglo III a.C., en Atenas, y tuvo relevantes exponentes en Roma, como lo fueron Séneca, Epicteto, Marco Aurelio y Catón. Tuvieron mucho respeto por la personalidad humana, y dejaron de referirse a la ciudad o Grecia, para referirse a la humanidad e incluso al universo. Su moral se basa en los principios de la voluntad y la pasión: usando la primera se podía controlar a la segunda. Sostenían que las acciones del hombre son libres por naturaleza, y por lo tanto, el bien y el mal dependen solo de la voluntad. Los filósofos estoicos se mostraban de acuerdo en que, como la vida está influenciada por circunstancias materiales s, el individuo tendría que intentar ser todo lo independiente posible de t ale s condicionamientos. La práctica de algunas virtudes cardinales, como la prudencia, el valor, la templanza y la justicia, permite alcanzar esa libertad. Gracias al ejercicio de esa libertad es posible lograr el soberano bien: la virtud. La máxima del sabio, proponían, debía ser abstente y soporta; soporta la necesidad universal – las condiciones de la naturaleza - y abstente de todo lo que sea contrario a esa necesidad.                                                                         
Ética medioeval.
Sabemos que el advenimiento del cristianismo marcó una revolución en la ética, al introducir una concepción religiosa de lo bueno en el pensamiento occidental, donde la persona era dependiente por entero de Dios y no podía alcanzar la bondad por medio de la voluntad o de la inteligencia, sino tan sólo con la ayuda de la gracia de Dios. El cristianismo llegó para realzar como virtudes el ascetismo, el martirio, la fe, la misericordia, el perdón, el amor no erótico.
La primera idea ética cristiana descansa en las siguientes reglas de oro: “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan contigo, así también hacedlo con ellos” (Mateo 7,12); en el mandato de amar al prójimo como a uno mismo (Levítico 19,18) e incluso a los enemigos (Mateo 5,44), y en las palabras de Jesús: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22,21). El mandato cristiano propone que el principal significado de la ley judía descansa en el mandamiento “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas. 10,27).
Conforme la Iglesia Católica medieval se hizo más poderosa, se desarrolló un modelo de ética que aportaba el castigo para el pecado y la recompensa de la inmortalidad para premiar la virtud. Las virtudes más importantes eran la humildad, la continencia, la benevolencia y la obediencia; la espiritualidad, o la bondad de espíritu, era indispensable para la moral. Todas las acciones, tanto las buenas como las malas, fueron clasificadas por la Iglesia y se instauró un sistema de penitencia temporal como expiación de los pecados veniales..
Bajo la influencia del cristianismo, el pensamiento filosófico medioeval vive dos periodos: el patrístico, dimensionado por la influencia de los llamados Padres de la Iglesia, y el escolástico, dedicado a conciliar la teología cristiana con la herencia griega, es decir, la conciliación entre la fe y la razón. La escolástica tendrá su más brillante exponente en Tomás de Aquino, padre del tomismo.
Recogiendo la influencia aristotélica, Tomás trata de compatibilizarla con el cristianismo, reconociendo que el fin último del hombre es la felicidad, la que se encontrará en la posesión de Dios, la personificación del bien. A las virtudes de los antiguos, agrega las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. La gran influencia intelectual de Aristóteles se puso, de este modo, al servicio de la autoridad de la Iglesia, y la lógica aristotélica acabó por apoyar los conceptos tomistas del pecado original y de la redención por medio de la gracia divina.
La Reforma protestante provocó un retorno general a los principios básicos dentro de la tradición cristiana. Según Martín Lutero, la bondad de espíritu es la esencia de la piedad cristiana. Al cristiano se le exige una conducta moral o la realización de actos buenos, pero la justificación, o la salvación, viene sólo por la fe.
El teólogo y reformista Juan Calvino aceptó la doctrina teológica de que la salvación se obtiene sólo por la fe y mantuvo también la doctrina agustina del pecado original. Los puritanos creían que su modo de vida era correcto en un plano ético y que ello comportaba la prosperidad mundana. La prosperidad, entonces, fue aceptada como la señal que esperaban, y  la bondad se asoció a la riqueza, mientras la pobreza fue asociada al mal.  
El modernismo.
Con la llegada del Renacimiento comienza en la filosofía un gran cambio que se ale ja de la influencia griega y de la escolástica, lo que repercute también en la ética.
Descartes reconoce como el bien soberano a la virtud, la cual corresponde a la rectitud de nuestra voluntad, y la rectitud no depende solo del conocimiento del bien, porque el alma no es solo inteligencia. Por otro lado, a su juicio, la maldad no es producto solo de la ignorancia o la falta de conocimiento, sino también es producto de la indiferencia, o de cierta imperfección de nuestra libertad, que nos hace caer en las pasiones.
La razón humana es determinante para una conducta recta en el modelo elaborado por el filósofo holandés Baruch Spinoza, quien sostenía que todas las cosas son neutras en el orden moral desde el punto de vista de la eternidad; sólo las necesidades e intereses humanos determinan lo que se considera bueno o malo, el bien y el mal. Todo lo que contribuye al conocimiento de la naturaleza del ser humano o se halla en consonancia con la razón humana está prefigurado como bueno. Por ello, cabe suponer que todo lo que la gente tiene en común es lo mejor para cada uno, lo bueno que la gente busca para los demás es lo bueno que desea para sí misma. La razón, entonces, es necesaria para refrenar las pasiones y alcanzar el placer y la felicidad evitando el sufrimiento.
Kant, ante la imposibilidad de conocer las cosas en sí y la incapacidad de la razón especulativa para probar la inmortalidad del alma y la existencia de Dios, propone que existe otro medio espiritual que reemplaza a la razón especulativa: la conciencia moral. Al respecto, el principio básico del pensamiento moral kantiano, es el respeto a la ley moral, y el obedecer el imperativo categórico del deber, lo que considera una ley “a priorística”. El soberano es la buena voluntad, que no es otra cosa que la voluntad de obedecer al deber sin condición. Nuestras acciones serán morales sólo en el caso de obedecer el mandato del deber, nunca si la realizamos por nuestro propio deseo o inclinación; así, si socorro a un hombre para que me agradezca o para que otros lo sepan, o porque me proporcionará satisfacción, la acción no es moral, aunque sea beneficiosa.
Para Fichte, el supremo bien del hombre es la libertad, y explica el imperativo categórico de Kant como “la necesidad de la acción”. A su juicio el mal proviene de la pereza del espíritu, en cualquiera de sus manifestaciones: la falta de reflexión, la rutina, la inercia, etc. A su juicio, la pereza lleva a la cobardía y a la falsedad, se prefiere la esclavitud al esfuerzo, y se recurre a las apariencias para ocultar lo que no se quiere sostener a cara descubierta.
Durante el siglo XVIII, los filósofos británicos David Hume, en sus “Ensayos morales y políticos”, y Adam Smith, autor de la teoría económica del laissez-faire, en su “Teoría de los sentimientos morales, formularon modelos éticos, del mismo modo, subjetivos. Identificaron lo bueno con aquello que produce sentimientos de satisfacción y lo malo con lo que provoca dolor. Según Hume y Smith, las ideas de moral e interés público provocan sentimientos de simpatía entre las personas, aproximando las unas a las otras, incluso cuando no están unidas por lazos de parentesco u otros lazos directos.
Schopenhauer sostendrá que el mundo de los fenómenos está sometido a las leyes de la necesidad, pero, la voluntad es libre. Por lo tanto, la libertad moral debiera buscarse fuera del mundo material. Gracias a la libertad moral, el hombre puede liberarse de las fuerzas ciegas y necesarias que gobiernan el mundo y constituir una individualidad libre.
Comte, en su teoría positivista, llegará a proponer que la ciencia más importante es la moral, dando gran importancia al sentimiento. La inteligencia y la voluntad, plantea, debían estar subordinadas al sentimiento, pues, mientras las dos primeras v ale n sólo por sus resultados, el sentimiento procura satisfacciones interiores inmediatas. El altruismo, el amor y el sacrificio hacia los demás, son el supremo deber y la suprema felicidad. La máxima comtiana propone perfeccionarse a sí mismo para servir a los demás: “El amor por principio, el orden por base, y el progreso por fin”.
En la visión de Marx, las condiciones del espíritu están determinadas por los modos como el hombre organiza la producción, factor determinante para el comportamiento social. Las ideas y la moral son consecuencia de la relación de los individuos con la propiedad de los medios para producir. Quienes poseen los medios para producir, hacen del medio social un espacio funcional a sus intereses. Quienes son explotados no tienen posibilidad alguna de imponer valores y principios, y solo deben acatarlos. Ello determina la lucha entre la clases sociales, donde unas, las que tienen la propiedad de los medios de producción, se imponen sobre las que solo tienen su fuerza de trabajo. Al analizar el rol de la clase obrera del siglo XIX, ve en ella la capacidad de superar las condiciones históricas de subyugación de las clases explotadas e imponer una nueva moral, basada en la superación de la dominación histórica de las clases poseedoras, y en el fin de la lucha de clases.
La ética del siglo XX será influida por el psicoanálisis de Sigmund Freud y sus seguidores y las doctrinas conductistas basadas en los descubrimientos sobre estímulo-respuesta del fisiólogo ruso Iván Petróvich Pávlov. El creador del psicoanálisis atribuyó el problema del bien y del mal en cada individuo a la lucha entre el impulso del yo instintivo para satisfacer todos sus deseos y la necesidad del yo social de controlar o reprimir la mayoría de esos impulsos con el fin de que el individuo actúe dentro de la sociedad. La psicología freudiana ha señalado que la culpa, respondiendo a motivaciones de naturaleza sexual, subyace en el pensamiento clásico que dilucida sobre el bien y el mal.
La posmodernidad.
Con la aparición de los filósofos que inician el ciclo del pensamiento postmoderno, el debate moral o la forma como debemos vivir, comienza ha desaparecer. En su lugar, las preocupaciones se centran en por que vivimos, como realmente lo hacemos y como motivamos nuestros conceptos de vida. Se pierde la preocupación por lo colectivo, para centrarse en lo individual.
Punto de partida para estas visiones, sería el superhombre de Nietzche, que se caracteriza por la más alta inteligencia y una gran voluntad de poder, que le permite situarse más allá de la moral vigente, por sobre las concepciones predominantes del bien y el mal. Su superhombre es un creador de valores, un ejemplo activo de “eticidad maestra”, que refleja la fuerza e independencia de alguien que está emancipado de las ataduras de lo humano y de la docilidad cristiana.
El británico Bertrand Russell, en tanto, marcaría un cambio de rumbo en el pensamiento ético al sostener su crítica sobre la moral convencional, reivindicando la idea de que los juicios morales expresan deseos individuales o hábitos aceptados. En su pensamiento, tanto el santo ascético como el sabio independiente son pobres modelos humanos porque ambos son individuos incompletos. Los seres humanos completos participan en plenitud de la vida de la sociedad y expresan todo lo que concierne a su naturaleza. Algunos impulsos tienen que ser reprimidos en interés de la sociedad, y otros, en interés del desarrollo del individuo, pero el crecimiento natural ininterrumpido y la autorrealización de una persona son los factores que convierten una existencia en buena y una sociedad en una convivencia armoniosa.
Para los existencialistas, el hombre está solo en un mundo malo. Puede elegir la forma de su existencia, pero, ello implica angustia y culpa. El alemán Martin Heidegger mantenía que no existe ningún Dios, por lo cual, los seres humanos, se hallan solos en el Universo y tienen que adoptar y asumir sus decisiones éticas en la conciencia constante de la muerte. La conciencia moral tiene, entonces, un fundamento puramente existencial. No es buena ni mala, es simplemente un elemento inseparable de la existencia.

¿Qué es Ética?

La ética es una rama de la filosofía que se ocupa del estudio racional de la moral, la virtud, el deber, la felicidad y el buen vivir.1 Requiere la reflexión y la argumentación. El estudio de la ética se remonta a los orígenes mismos de la filosofía en la Antigua Grecia, y su desarrollo histórico ha sido amplio y variado.
La ética estudia qué es lo moral, cómo se justifica racionalmente un sistema moral, y cómo se ha de aplicar posteriormente a nivel individual y a nivel social. En la vida cotidiana constituye una reflexión sobre el hecho moral, busca las razones que justifican la adopción de un sistema moral u otro.
Una doctrina ética elabora y verifica afirmaciones o juicios determinados. Una sentencia ética, juicio moral o declaración normativa es una afirmación que contendrá términos tales como "bueno", "malo", "correcto", "incorrecto", "obligatorio", "permitido", etc., referidos a una acción, una decisión o incluso también las intenciones de quien actúa o decide algo. Cuando se emplean sentencias éticas se está valorando moralmente a personas, situaciones, cosas o acciones. Se establecen juicios morales cuando, por ejemplo, se dice: "Ese hombre es malo", "no se debe matar", etc. En estas declaraciones aparecen los términos "malo", "no se debe", etc., que implican valoraciones de tipo moral.
La palabra ética proviene del latín ethĭcus, y este del griego antiguo ἠθικός, o transcrito a nuestro alfabeto, "êthicos". Según algunos autores, es correcto diferenciar "êthos", que significa "carácter", de "ethos", que significa "costumbre", pues "ética" se sigue de aquel sentido y no es éste.2
Según una corriente «clásica», la ética tiene como objeto los actos que el ser humano realiza de modo consciente y libre (es decir, aquellos actos sobre los que ejerce de algún modo un control racional). No se limita sólo a ver cómo se realizan esos actos, sino que busca emitir un juicio sobre estos, que permite determinar si un acto ha sido éticamente bueno o éticamente malo.
Fernando Savater, en el primer capítulo de su libro Ética para Amador («De qué va la ética»), define la ética como «el arte de vivir, el saber vivir, por lo tanto el arte de discernir lo que nos conviene (lo bueno) y lo que no nos conviene (lo malo)».
Ello implica establecer una distinción entre lo que sea bueno y lo que sea malo desde el punto de vista ético, y si el bien y el mal éticos coinciden o no con lo que serían el bien y el mal en sí.

Límites con disciplinas adyacentes[editar · editar código]

La ética se relaciona con la antropología, el derecho, con la ley, y con ciencias empíricas que estudian el comportamiento humano, como la sociología y la psicología.
Un autor define ética del siguiente modo: “Ética (del griego ethika, de ethos, ‘comportamiento’, ‘costumbre’), principios o pautas de la conducta humana, a menudo y de forma impropia llamada moral (del latín mores, ‘costumbre’)"3
La palabra ética proviene del griego ethikos (“carácter”). Se trata del estudio de la moral y del accionar humano para promover los comportamientos deseables. Una sentencia ética supone la elaboración de un juicio moral y una norma que señala cómo deberían actuar los integrantes de una sociedad. Por profesión se entiende una ocupación que se desarrolla con el fin de colaborar con el bienestar de una sociedad. Para realizar dicha labor es necesario que el profesional (persona que ejerce la misma) actúe con responsabilidad, siguiendo los requisitos que la ley vigente plantee para el desarrollo de esa actividad.
La ética profesional pretende regular las actividades que se realizan en el marco de una profesión. En este sentido, se trata de una disciplina que está incluida dentro de la ética aplicada ya que hace referencia a una parte específica de la realidad.
Cabe destacar que la ética, a nivel general, no es coactiva (no impone sanciones legales o normativas). Sin embargo, la ética profesional puede estar, en cierta forma, en los códigos deontológicos que regulan una actividad profesional. La deontología forma parte de lo que se conoce como ética normativa y presenta una serie de principios y reglas de cumplimiento obligatorio